Capítulo 1
Origen del Apellido Gaxiola
Este nombre es muy popular en los estados de Sinaloa y Sonora pero extremadamente raro en el resto del país. Existen muchas versiones acerca del origen de las primeras personas que con este nombre llegaron a México. Algunos afirman que los Gaxiola son judíos, otros dicen que franceses y una inmensa mayoría se inclina a pensar que descienden de españoles.
A continuación presentaremos dos versiones que sin intenciones de crear polémicas nos servirán para darles la razón a los que defienden que los Gaxiola vinieron de España. La primera la llamaremos oficial y la segunda familiar.
Versión Oficial
Juan Gaxiola nació en España, fue el primer ascendiente de la rama de este linaje que llego a México en el año de 1752. Se casó con Rita Bon, con quien tuvo entre otros un hijo: José Antonio, primer ascendiente de esta rama nacido en el territorio que es México. José Antonio Gaxiola Bon, nació y falleció en la Villa de Sinaloa. Se casó con Francisca Alcalde Espinoza, nacida en Sinaloa. Tuvieron 16 hijos: Celso, José Antonio, José Manuel, Rosario, Jesús María, Laura, Petronio, María de Jesús Amada, Cleotilde, Pedro, Adelaida, Rufino, Miguel, Dolores y Refugio.
Pertenecieron al linaje de los Gaxiola personajes como:
Leandro Gaxiola — 1877–1917. Nació en Villa de Seris, Sonora. Agente de la Wells Fargo, Regidor del Ayuntamiento de Hermosillo.
Macario Gaxiola — Militar, nacido en Angostura, Sinaloa, combatió a Victoriano Huerta y fue jefe del primer batallón de la brigada del noroeste mandada por Álvaro Obregón.
Manuel María Gaxiola — Abogado. Nacido en Cosalá, Sinaloa. Magistrado de la Suprema Corte de Justicia del Estado y uno de los personajes con mayor influencia en el gobierno de su época.
Versión Familiar
Ninguna persona de nuestra familia está más autorizada para darnos estos datos que mi tía Nicolasa Vda. de Gaxiola. Ella nació en el año de 1875 y a los 97 años conserva una memoria prodigiosa que no le pide nada a una computadora. Ella fue la primera hija que tuvo Don Miguel Gaxiola con su primera esposa llamada Cipriana. Es también la hermana mayor de nuestro desaparecido personaje de esta historia. La entrevistamos a principios del año 1971 en casa de su hija Melida y quedamos admirados de sus virtudes propias de las mujeres de antaño y que lamentablemente se extinguen. Conversar con ella fue para nosotros como haber escuchado una cátedra salpicada de lecciones de historia, liderazgo, teología, etc.
Su versión familiar sobre la manera como llegaron a México sus antepasados es como sigue: Su abuelo, se llamaba Juan, este a su vez era hijo de Miguel. Ella recuerda muy bien que Juan su abuelo le contaba que en una conquista, vinieron de España cuatro hermanos que se llamaban: Diego, Cayetano, Miguel y Antonio. Una vez establecidos en territorio mexicano se esparcieron por los estados de Sinaloa y Sonora. Por eso dijo ella; nuestro apellido abunda bastante en esos estados.
Como dijimos al principio, hay muchas especulaciones sobre el verdadero origen del apellido y estos datos son solamente a manera de información.
Capítulo 2
Padre de 41 Hijos
Los padres de Maclovio Gaxiola, fueron el señor Miguel Gaxiola Montoya, nacido en Santa Rosa, Sin., en el año de 1854 y la señora Cenobia López Armenta, nacida en Bacubiri, pueblo situado en el municipio de Sinaloa de Leyva.
Doña Cenobia fue la tercera esposa de Don Miguel con quien contrajo nupcias en 1899. Su primer matrimonio fue con una dama de nombre Cipriana en el año de 1874 y con ella procreó seis hijos de los cuales seis vivieron hasta una edad adulta, mientras los otros cinco murieron al nacer o en los primeros días de su infancia. Los nombres de los primeros fueron: Nicolasa, Fulgencio, Crescencio, Getrudis, Cecilia y Cipriana. Al nacer esta última niña doña Cipriana murió. De su segundo matrimonio con Luz Álvarez le nacieron la misma cantidad de hijos que en el matrimonio anterior y como dato curioso también se le murieron otros cinco en las mismas condiciones que el matrimonio anterior. Los nombres de los hijos de la segunda esposa fueron: Octaviano, Domingo, Rita, Micaela, Ramón y Eliodoro. Lamentablemente Doña Luz no pudo sobrevivir a un maligno tumor y también falleció quedando Don Miguel viudo por segunda vez.
De su tercero y último matrimonio con Doña Cenobia, le nacieron 19 hijos de los cuales 4 no pudieron sobrevivir. Nombre de los hijos que llegaron a ser adultos: Miguel, María, Micaela, Marciana, Manuel, Juanita, Cenobia, Melesio, Maclovio, Donaciano, Juan, Benito, Elicena, Eduardo Jesús y Teresa. Como ustedes notaron Don Miguel fue un padre muy prolífero y el total de hijos que tuvo de su unión con las tres mujeres fueron cuarenta y uno.
Don Miguel tuvo que trabajar mucho para que su familia, bastante numerosa, tuviera lo más indispensable tanto en la comida como en el vestido. Una vez al año hacía viaje especial hasta Culiacán, capital del estado situada a 105 kilómetros al sur de Guamúchil. El trayecto ida y vuelta lo recorría en 15 días a bordo de una carreta tirada por bueyes. Su regreso al rancho era motivo de grande alegría tanto de los hijos grandes como los más pequeños. Volvía cargado de grandes cantidades de piezas de telas de mezclilla, franela, seda importada de China e indiana que venía desde La India. Los chocolates, las galletas y los caramelos hacían las delicias de los hijos menores.
Los pocos habitantes de esa época, reconocían a Don Miguel como un hombre de autoridad en el pueblo. Muchos de ellos acudían asiduamente al rancho para oír consejo y siempre recibían de él la orientación adecuada para enfrentarse a los problemas morales y materiales de aquellos tiempos. Era bastante habilidoso, trabajador y provisor. Poseía grande visión y un carácter amable, así también como una inteligencia muy despierta; dones que indudablemente heredó su hijo Maclovio.
Doña Cenobia, era mujer callada, trabajadora, seria y muy dedicada a su esposo e hijos, entre los cuales también se incluían los de los anteriores matrimonios de su esposo, de quienes también cuidó con la misma pasión y amor. En sus tiempos de soltera y aun después de casada era muy solicitada por su gran talento para el canto. Quienes la escucharon cantar dicen que su voz era armoniosa, dulce, y sobre todo muy afinada. El don que poseía Doña Cenobia lo heredaron casi todos sus hijos, pero con especialidad; “el más feo de sus hijos”, que era la rúbrica con que su hijo, Maclovio, firmaba todas las cartas que le escribía a su madre.
En sus años de soltero Don Miguel era un católico muy devoto y religiosamente acudía a Guasave una vez al año a participar en las fiestas de la Santa patrona del lugar, la Virgen del Rosario.
Un día Miguel fue a visitar a la Virgen en una fecha en que no había fiesta. Grande fue su sorpresa al observar, una vez dentro del templo, el completo abandono en que este se encontraba. Cuando se aproximó al altar, se sorprendió más al encontrar la estatua de la Virgen deteriorada, empolvada, y lo que mayor decepción le causó fue descubrir que insectos, como algunos grillos y otros más, habían hecho nido en la escultura que tiempo atrás había visto inmaculada e imponente.
Aquel cuadro hizo que reflexionara y consideró que si aquella imagen no tenía poder para impedir su propio deterioro, ni para evitar que en su cuerpo anidaran aquellos bichos, mucho menos tenía poder para salvarlo o sanarlo. Allí perdió el joven Miguel su fe en los santos.
Parece ser que su primer contacto con la iglesia evangélica lo tuvo por medio de su hijo Fulgencio, quien en el año de 1908 se hizo miembro de la iglesia metodista de Cananea. Al regresar el hijo, trajo a su padre la Biblia y otra literatura protestante. La experiencia en Guasave y la visita de su hijo, fueron motivos para que Don Miguel fuera reconocido en el pueblo como evangélico. Años después él y toda su familia se convirtieron a la Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús. En el seno de ella vivieron él y su esposa, hasta la muerte de ambos, acaecida él en el año de 1941 y ella en 1945. Los restos mortales de los esposos Gaxiola descansan en el panteón municipal de la ciudad de Guamúchil.
Capítulo 3
Nació Después Que Llegó la Punta de Fierro
Antes de la conquista la región del noroeste de Sinaloa estaba poblada principalmente por tribus Nahoas. Gente pacífica, dedicada al comercio de sales y pescados, eran los indios establecidos al norte de Culiacán. Muy hospitalarios, siempre dispuestos a recibir a los viajeros que cruzaban por su territorio. Sus casas carecían de puertas y cuando las dejaban solas, ponían a la entrada unas cuantas breñas. Hasta nuestros días la gente de esos lugares conserva esa buena costumbre que para algunos historiadores, como el profesor Carlos Esqueda de Guamúchil, no es europea ni asiática sino polinésica.
Sobre la región descrita, 43 kilómetros al sur de Guasave y a 105 hacia el norte desde Culiacán está la ciudad de Guamúchil. El pueblo debió su nombre al árbol del mismo nombre que en tiempos pasados abundaba en la región. Ahora, con la urbanización, casi ha desaparecido y se le encuentra más frecuentemente en el medio rural. La palabra Guamúchil significa: Vaina Dulce, pero a decir verdad es muy difícil encontrarse con un fruto de este árbol que reúna los requisitos de su significado. Más bien es de sabor amargo y agarroso.
El pueblo fue partido en dos; primeramente en el año de 1908 por la vía del ferrocarril Sud-Pacífico y posteriormente por la carretera México-Nogales. Esto nos define dos épocas claves y decisivas de lo que actualmente es una de las zonas agrícolas con mayor futuro en México y en el ya de por sí progresista estado de Sinaloa.
Antes de 1908 sus habitantes eran apenas un puñado que estaba dispersado a las márgenes del río Mocorito o Évora. Un pequeño grupo se había estacionado sobre la parte que se conoce como San Pedro (el otro lado de la vía) mientras que el resto vivía en Guamúchil Viejo y Majoma. El pueblo empezó a crecer hasta el año de 1908 en que llegó “la Punta de Fierro”, nombre con que los lugareños bautizaron a la locomotora que tendía los durmientes y la vía. Como nunca habían visto algo parecido y mucho menos sabían cómo se llamaba, le pusieron así porque la defensa de la máquina terminaba en punta y era de fierro. En ese mismo año se construyó la estación del ferrocarril y allí empezó la primera etapa de crecimiento. En el año de 1958, cuando el pueblo cumplió sus primeros cincuenta años, se reportaron la cantidad de 12,000 habitantes.
La colocación de la vía ferroviaria y la estación pusieron a Guamúchil sobre los rieles del crecimiento, aunque a un ritmo lento. La faja asfáltica que también parte al pueblo en dos, ha sido el conducto por el cual han salido las grandes riquezas agrícolas, ganaderas y marítimas del lugar y alrededores para conquistar los mercados mundiales, siendo este último sistema de transporte factor más determinante que el ferrocarril en el progreso de la entidad. Catorce años después de sus primeros cincuenta años de vida, Guamúchil ya ha triplicado su población.
Los dos puentes que hay a la entrada de la ciudad por la parte norte, son testigos mudos del progreso del lugar. Si antes de cruzar alguno de ellos se vira hacia la izquierda viniendo del norte y se camina sobre la cuenca de lo que conocemos como río Évora, en un kilómetro de caminata se llegará al Rancho de los Gaxiola. Hoy, en los planos del Departamento Agrario, esta oficialmente reconocido como San Miguel, en memoria de su ilustre fundador. Se le llamó así por gestiones que hizo en vida mi tío Maclovio, quien en este mismo sitio vino al mundo en el año de 1913. Su padre afirmaba que nació el 10 de enero en la media noche, pero antes de las 12. Su progenitora, en cambio, decía que fue el 11 de enero en la madrugada. Cuando llegó el momento de registrarlo su padre se salió con la suya y eso es lo que realmente vale.
Nació endeble y antes de tiempo. Los primeros días de su existencia fueron inciertos. Como diría él mismo en su diario, 56 años después: “desde que nací empecé a ser problema para mis padres”. Luchar fue una característica que tuvo desde el momento en que nació y esta lo acompañó todos los días de su vida. A los 7 años de edad una yegua le partió el cráneo de una patada. Sus hermanos hacían burla de él porque no participaba en los juegos de niños, pues se concretaba únicamente a observar y estudiar los movimientos que hacían. Creían que era un retrasado mental y le pusieron el sobrenombre de “Burraco”. Lo que en realidad sucedía era que él estaba más adelantado que sus hermanos; pues sus juegos eran demasiado infantiles para un pensador como él.
A los quince años lo cornó un toro, con tan grandes consecuencias que necesitó 5 meses para reponerse física y moralmente. De allí en adelante sufrió volcaduras, amenazas de muerte por el Evangelio, descarrilamiento de trenes y aterrizajes forzosos. El día 17 de julio de 1960 en El Salvador, C.A., fue operado de emergencia, lejos de su patria y familiares. Contrajo la diabetes y se defendió como pudo de 4 infartos cardiacos. Nació luchando, vivió luchando y murió luchando.
Para su pueblo natal siempre sintió un especial afecto, a pesar de que apenas una cuarta parte de su vida la vivió en él. En junio de 1966, y de paso por su tierra, fundó un periódico que se llamó: El Heraldo del Valle, en el cual tenía grandes ilusiones. Pero al tener que ausentarse, dejó en otras manos la empresa y el periódico dejó de publicarse. Había planeado que una vez retirado de sus comisiones en la Iglesia, se establecería definitivamente en Guamúchil para fundar un Asilo de Ancianos o un Orfanatorio; prueba de ello es una propiedad que donó en el Rancho San Miguel para tal fin. Gracias a Dios porque su más grande deseo sí se le cumplió: morir en la tierra que lo vio nacer.
Capítulo 4
Cuando yo Sane tú te Casarás Conmigo
Desde muy joven sintió mi tío Maclovio el deseo de conocer otros lugares. Fue entonces cuando nació en él la pasión por los viajes que años después lo llevara a conocer no solamente todo su propio país, sino más allá de las fronteras del Bravo y el Suchiate. Fue un viajero incansable y sus pies pisaron casi todos los estados del vecino país del norte así también todos los países de América Latina, incluyendo Cuba.
Apenas frisaba en los 15 años de edad cuando junto con sus amigos Enrique Díaz, Tomás Rochín y otro joven de Mocorito, se fueron a aventurar a la antigua Cajeme, hoy Cd. Obregón, Sonora. Allí los cuatro amigos calmaron un poco sus ímpetus juveniles trabajando en los campos algodoneros. El cambio de ambiente y la añoranza por el terruño avivaron en el nuevo aventurero la flama del patriotismo, pues al regresar con los suyos se enroló, junto con sus hermanos Miguel y Donaciano, en un Comité de Lucha Antichinista.
Desde el año de 1928 el comercio de los estados de Sonora y Sinaloa estaba monopolizado por gente venida desde el lejano país de China. Las jugosas utilidades que ellos obtenían las enviaban a su país de origen, representando para nuestra nación una considerable fuga de divisas. Ante el clamor de los pocos comerciantes nacionales, el gobierno autorizó a los habitantes de esa zona para que, sin usar la violencia, expulsaran a los orientales del suelo mexicano. Guamúchil, en esa época, aunque era pueblo pequeño, también padecía del mismo problema. Los pocos comercios instalados en lo que entonces era el centro comercial, por la Avenida Ferrocarril, estaban en manos orientales.
Los hermanos Gaxiola y otros miembros del comité hicieron manifestaciones por las calles del pueblo invitando a sus habitantes a unirse en la lucha. En esa ocasión mi tío Donaciano oyó hablar por primera vez en público a su hermano Maclovio. Nos cuenta que lo hizo con grande facilidad e inspiración. Al hablar se transformó de tal forma que no parecía que las palabras y el estilo eran de un muchacho pueblerino e inexperto, sino más bien las de un consumado maestro de oratoria. Allí, en el calor del cariño a la patria y a su pueblo, nació uno de los más grandes predicadores que ha tenido la Iglesia Apostólica. Su prodigiosa memoria le ayudaba a grabarse fechas, citas bíblicas, nombres de personas y lugares con gran facilidad. Tenía una gran capacidad para retener y muy rara vez usaba notas para predicar. Sus mensajes demostraban un profundo conocimiento de la Biblia. Podía disertar amenamente sobre temas de Medicina, Leyes, Arte, Gramática, Historia y muchas ciencias más, como todo un experto en la materia.
Volvamos a la Campaña Antichinista, en la que sucedieron algunas cosas más. Es claro comprender que los tres hermanos Gaxiola se metieron en algunos líos durante su incursión en la política. Los tres fueron hechos prisioneros por haberse excedido en sus sentimientos patrióticos. Los tuvieron unos días en la cárcel de Guamúchil y, antes de remitirlos a Mocorito, el joven patriota Maclovio salió libre. Los otros dos hicieron el viaje acompañados por su madre, que tuvo que insistir mucho para que las autoridades le permitieran ir con sus hijos.
Emprendieron el camino y, antes de llegar a una ranchería llamada Boca de Arroyo, los judiciales (en ese tiempo les llamaban la Cordada) ordenaron a los dos prisioneros que huyeran hacia el monte, al mismo tiempo que cortaban cartucho. El instinto de madre le avisó a mi abuela y los planes de los hombres no se cumplieron, pues Doña Cenobia, al darse cuenta que les pretendían aplicar la temida Ley Fuga, se abrazó de ellos. Los hombres trataron por todos los medios de que se separara de sus hijos, pero no lo lograron. Como sus esfuerzos fueron infructuosos, emprendieron la marcha y, al llegar a Mocorito, los recluyeron en la prisión, habiéndolos dejado libres tres meses después.
El destierro de los comerciantes chinos trajo un notable progreso en el pueblo, como lo pudieron comprobar los hermanos Gaxiola al salir de la cárcel. En pos de sus caros ideales, estuvieron a punto de perder la vida y su libertad se vio privada por un tiempo, pero valió la pena el sacrificio porque su pueblo prosperaba.
Una vez que el comercio pasó a manos de los nacionales, Guamúchil empezó a crecer, extendiéndose impetuosamente hacia el oriente por la calle Rosales. Entre esos nuevos comerciantes estaba Don Jesús González, padre del conocido hombre de negocios guamuchilense: Gundérico González. La esposa de Don Jesús tenía con ellos una sobrina que estaba de visita y que había venido de El Dorado. Por la misma calle Rosales vivía María, la hermana mayor de Maclovio Gaxiola, quien estaba casada con otro señor también de apellido González. María gustaba de hacer amistad con todas las personas y pronto se hizo amiga de la jovencita Micaela. Cuando su hermano Maclovio fue cornado por un toro y, por prescripción médica, tuvo que ser encamado, María gustosamente estuvo al cuidado de su joven hermano, a quien atendía en su propia casa por la calle Rosales. Micaela deseó visitar al enfermo, a quien conoció en esa casa. Cuando ambos se saludaron, él la tomó de sus manos y le dijo: “cuando yo sane tú te casarás conmigo”, y ella las tomó mitad en broma y mitad en serio.
Él era un buen partido, ya que muchas muchachas del lugar se sentían atraídas por su melodiosa voz. Era inteligente, cariñoso y componía muy bonitos versos. Podía ganar dinero con facilidad y honestidad. Su hermano Miguel le había enseñado a ganar dinero haciendo espejos, arreglando máquinas de escribir, armas y otras muchas habilidades en que su versátil hermano lo instruyó.
La entrevista de los dos jóvenes fue amor a primera vista. Ella era una muchacha rellenadita y de piel muy blanca. Sus mejillas estaban tan rojas que más bien parecían un par de manzanas. Su cabellera larga y ondulada, su cara bonita y sus soñadores ojos negros fueron los atractivos a los que el joven galán no se pudo resistir. Él, por su parte, tenía 17 años de edad, delgado y de estatura regular. Sus ojos eran color café y la eterna sonrisa en su boca le daba un aire de seguridad que contagiaba. Tampoco ella pudo resistirse y, después de haber sido novios durante un tiempo, poco después se casaron conforme al estilo de esa época.
Su esposa demostró ser una magnífica compañera que cuidó de él y sus hijos con grande abnegación. Le acompañó en la mayoría de sus giras y, durante los últimos años de su larga y penosa enfermedad, ella fue para él una enfermera abnegada que sufrió desvelos y cansancio sin pronunciar una sola queja, todo por servir a su marido. Dio de comer, lavó la ropa y curó a los estudiantes cuando se fundó el Instituto en México, D.F. Colaboró con el departamento Femenil en varios cargos de carácter nacional y distrital. Hasta la fecha sigue trabajando como presidenta de la Sociedad Femenil Dorcas de la Segunda Iglesia de la Ciudad de México.
De su matrimonio con Micaela Suárez le nacieron siete hijos, quienes en su mayoría residen en la capital de la república, a excepción de la hija menor, que vive en Tijuana. Sus nombres son: Luis Roberto, Eliseo, Eliú, Hogla, Rita, Rubén David, Orfa Lidia y Maclovio.
Capítulo 5
El Muchacho de la Guitarrita
Movidos por la curiosidad de conocer a uno de los primeros hombres que trajo el Evangelio a Sinaloa, fuimos hasta Bacobampo, Sonora. Me acompañaron los hermanos Jesús Arballo, Severiano Soltero y Eduviges Cazares B. Ya una vez estando allí, buscamos al pastor de la Iglesia Apostólica, hermano Elías Leyva. Lo encontramos en el panteón del pueblo, sepultando a un miembro de la Iglesia que había fallecido el día anterior. El mismo hermano, después del funeral, nos introdujo con Macario Martínez.
Desde el mismo momento en que lo vi me pareció que era una persona amable, e instantes después de tratarlo me di cuenta que mis conceptos acerca de su personalidad estaban en lo cierto. Me presenté como hijo de Felipe y Marciana de Gaxiola. El hombre se conmovió hasta derramar sus lágrimas, pues inmediatamente vinieron a su mente los años en que él fue pastor de ellos y la manera como juntos se gozaron y lloraron en Verdura, hace ya como cuarenta años. Comprobé además que es hombre de sentimientos nobles y que, junto con su esposa Mercedes, la vida de ambos ha sido de altas y bajas. Pude observar que, con todo lo que se ha dicho acerca de su discutida trayectoria, la gente se sigue convirtiendo, pues todavía predica con la misma pasión que lo hacía cuando, en 1932, visitó Guamúchil, El Salitre, La Unión y otros lugares. Su pluma también escribió la historia, sus manos también sembraron la semilla y sus pies sintieron las piedras del camino. Su garganta, así como su estómago, muchas veces no se satisfizo, porque el Evangelio estaba primero que el cansancio, el hambre o la sed.
Ya una vez acomodados en la casa pastoral del templo evangélico en donde es pastor, empezó a hablar y nos contó lo siguiente: En el año de 1926 fui designado en la convención de Indio, California, para que junto con los hermanos Marcial de la Cruz e Isaías Ceceña, viniéramos en calidad de misioneros a México. Mis compañeros se quedaron y yo hice el viaje. Llegué a Navojoa y después me fui para Baromena, en donde estaba predicando el hermano Tiburcio Santos, quien vino unos meses antes que yo. No me sentí a gusto en Baromena, pues deseaba predicar en un lugar donde la gente no supiera nada del Evangelio. Convine con el hermano Santos en irme a Flor de Canela.
Ya una vez instalado en el nuevo lugar empezó a celebrar cultos e invitar gente. Visitaba además La Pichiguila y Verdura. Para el año de 1929, la gente se empezó a convertir. Había una Banda de Música en la Flor de Canela y todos los músicos se bautizaron. Les comencé a enseñar himnos y, como yo tenía que cantar demasiado fuerte para salirle adelante al grupo musical, caí desmayado por el esfuerzo que hice. A los pocos meses ya teníamos más de 70 hermanos bautizados en esos lugares.
El hermano Felipe Gaxiola B. y su esposa me invitaron a que fuera a Guamúchil para que les predicara a sus familiares. Acepté de muy buena voluntad. El mismo me prestó su caballo y juntos nos trasladamos a Guamúchil. La familia vivía en el rancho y era muy numerosa. Me llamó la atención uno de los muchachos más jóvenes que siempre andaba con una guitarrita. Me tocó verlo siempre acompañado de otro joven que no era de la familia y que dijeron se llamaba Pedro Infante. Juntos los vi salir de la casa y hasta tuve la oportunidad de oírlos cantar en dueto. Eran muy populares y solicitados por las muchachas del pueblo, pues les llevaban serenata. Cuando invité a la familia para que me acompañara a un culto al Salitre, el muchacho de la guitarrita fue el primero que aceptó y me dijo: “me llamo Maclovio Gaxiola López, para servirle”.
Era a fines del año de 1932 cuando sucedieron estas cosas y mi estancia allí transcurría rápidamente. Pedro Infante se me perdió de vista, pues el joven Maclovio ya no andaba con él. Ahora se juntaba conmigo y me acompañaba a dondequiera que yo iba; parecíamos Elías y Eliseo. Me hacía muchas preguntas, demostrando con ello interés por aprender las cosas de Dios. Poseía una inteligencia bastante avanzada para un muchacho de su edad. No muchos días después, el joven me pidió que lo bautizara. Procedí a hacerlo y bajó a las aguas del bautismo junto con su hermano Donaciano. Me regresé a Verdura y hasta allá fueron a buscarme, y en un servicio cerca de Bamoa recibió el Don del Espíritu Santo.
El muchacho derrochaba entusiasmo y deseaba que yo lo enviara a un colegio bíblico. Constantemente me preguntaba: ¿cuándo me va a mandar al colegio? Yo le respondía: ya estás en el colegio, aprenderás más en la práctica que si vas allá. Como era mi compañero en el trabajo de la Obra, cuando salíamos a hacer algún servicio a los ranchos me preguntaba: ¿qué vamos a hacer allá? ¿cómo se va a desarrollar el programa? Yo le respondía, no te preocupes, el Espíritu Santo nos enseñará lo que tenemos que hacer. A pesar de sus escasos 20 años poseía gran visión, pues juntos planeamos publicar una revista, así como compilar los himnos y hacer un himnario. Soñaba también con establecer un colegio bíblico para preparar a los ministros jóvenes.
Tengo muy presente que, durante unos cultos de Semana Santa, prediqué del texto donde Cristo dijo: “Sed tengo”. Al siguiente domingo, durante el servicio, pidió que se le permitiera cantar un himno; se puso de pie, terminó de afinar su guitarrita y empezó a cantar: Sed tengo dijiste mi Señor, cuando estabas pendiente de una cruz; esa sed tan inmensa de tu amor, que tuviste por salvarnos ¡oh Jesús! (177 de Consolación). Ese creo que fue el primer himno que él compuso y allí comenzó precisamente su carrera de himnólogo.
Cuando llegó el momento de buscar una persona para que se hiciera cargo de los hermanos en Guamúchil y el Salitre, no vacilé en iniciarlo en el ministerio y nombrarlo encargado de la Obra en esos lugares, pues siempre fue muy activo y aspiraba a mayores ideales. Todas las metas que se propuso las alcanzó porque estaba equipado de gran visión que, como he dicho, yo admiré desde que él se bautizó. Presentí que Maclovio Gaxiola L. sería un grande instrumento en la Obra del Señor, y mucho me alegro de que esto haya sido una realidad.
Capítulo 6
Las Románticas Convenciones del Rancho
Los padres del autor fueron los primeros miembros de la familia Gaxiola que se convirtieron a la Iglesia Apostólica, en el año de 1932, cuando radicaban temporalmente en Verdura, Sinaloa. Los bautizó el hermano Tiburcio Santos y el pastor de la iglesia era Macario Martínez.
Mi madre, inmediatamente después de su conversión, empezó a hacer proselitismo por correspondencia con su familia y poco después mi padre llevó al pastor Martínez hasta Guamúchil, en donde la familia recibió al predicador con los brazos abiertos y este, desde el mismo momento en que llegó, les empezó a predicar. Una vez que el ministro conoció a los Gaxiola, se dio cuenta que sus almas eran tan fértiles como la tierra en donde vivían y les sembró la semilla del Evangelio. Como necesitaba elementos que le ayudaran a predicar, se dio cuenta que si doctrinaba a los jóvenes hijos de Don Miguel muy pronto se convertirían a la causa que proclamaba. Descubrió que eran buenos músicos y destacados cantantes, además parecían inteligentes. Los muchachos, por su parte, desde que conocieron al ministro sintieron simpatía por él, pues los atrajo su manera tan fogosa con que predicaba. Le acompañaron por los diferentes lugares en donde hicieron cultos. En un culto de Navidad, celebrado en la Unión, cuando el pastor hizo el llamamiento, el joven Maclovio sintió el deseo de ser bautizado. Macario y mi padre regresaron a Verdura después de esa muy fructífera visita.
Pocos días después Macario regresó de Verdura, esta vez en compañía de mi madre, y les continuó predicando. Pronto el mensaje de Dios recibió respuesta y mi tío Maclovio y su hermano Donaciano fueron bautizados el 31 de diciembre de 1932 a las seis de la mañana. Las aguas del río Évora estaban frías, pero eso no importaba con tal de que sus pecados fueran perdonados. La hora tan indispuesta fue debido a que los muchachos se decidieron hasta que Martínez y mi madre iban a regresarse a Verdura en la Punta de Fierro que salía ese día a las 7 de la mañana.
Ese mismo día en que fue bautizado comenzó, por decirlo así, su ministerio nuestro ilustre desaparecido, pues junto con su hermano Donaciano, fueron hasta otro rancho vecino e hicieron un culto por su cuenta dirigido por nuestro insigne personaje. A los días siguientes anduvieron recorriendo los lugares que visitó Martínez, celebrando actividades del mismo carácter. Fueron hasta Verdura y, estando en un culto cerca de Bamoa, el novicio aspirante al ministerio recibió el Don del Espíritu Santo, cinco días después de su bautismo en agua, o sea el 5 de enero de 1933.
El hermano Macario, viendo la necesidad de contar con un compañero en el ministerio, regresó otra vez al rancho en donde hacían cultos todas las noches, y allí mismo procedió a iniciarlo en el ministerio el 1 de abril de 1933. También recibió de Martínez el nombramiento de encargado de la Obra en Guamúchil y alrededores. Con mayores ímpetus el ya nuevo ministro se lanzó a predicar no nomás en el rancho, sino por todos los pueblos vecinos. En El Salitre bautizó a la primera persona, una señora de nombre Margarita Vda. de Tapia.
Durante el día trabajaba en las labores del rancho y en las noches predicaba casi siempre hasta ya muy avanzadas horas. Una ocasión en que, junto con otros hermanos, regresaban de un culto en El Salitre, mientras caminaban y rendido por el sueño, se cogió del brazo de uno de los acompañantes y caminó dormido cerca de 4 kilómetros. Al suceder eso, los hermanos acordaron que ya no debía trabajar en el rancho y lo ayudaron para que de allí en adelante solamente dedicara su tiempo a atender la Obra de Dios.
Entre las personas que él bautizó en Guamúchil en esa época, había una señora de nombre María que vivía por la calle Independencia. Su esposo, llamado Román, sintió grande disgusto y juró matar al joven pastor. Investigó que este andaba para El Salitre y, ocultándose bajo las sombras de una negra noche, se parapetó entre unos árboles y allí en el camino le esperaba provisto de un rifle. Pero la intervención de Dios, la nerviosidad de Don Román y la obscuridad de la noche impidieron que cumpliera sus nada de buenos propósitos. Cuando el grupo se acercaba, de repente sonó un disparo y, al voltear rumbo a los árboles, un hombre sangraba de una mano y se quejaba. Cuando fueron a auxiliarlo, confesó que al tratar de acomodarse para dispararles, el rifle inexplicablemente se disparó solo. Al pobre Don Román se le secó la mano y mi tío siguió bautizando gente.
La iglesia siguió extendiéndose y, junto con sus hermanos Donaciano, Melesio y Miguel, y los también hermanos Sabas y Filiberto López, iban por todos los lugares llevando las Buenas Nuevas, y el Señor se manifestaba con ellos por medio de sanidades y milagros. Cuando visitaban un lugar llamado El Palmar de los Sepúlveda, había una hermana que ya tenía tres días en la cama. Cuando su hija le avisó que iban llegando los hermanos, ella saltó de su lecho y se incorporó completamente sana, les hizo comida y los hospedó.
La primera convención de la Iglesia Apostólica en el distrito de Sinaloa se celebró en la Flor de Canela en el año de 1935. De allí en adelante las demás han sido en Guamúchil, salvo dos excepciones. Quien esto escribe, conserva gratos recuerdos de esas fiestas desde 1940, en que era un pequeño niño. En estas reuniones había cuatro cosas principales: oración, música, comida y gente.
Caminábamos entre un mar de personas que de rodillas hacían oración y hablaban en otras lenguas. Era un verdadero vía crucis transitar entre aquel río humano que, postrados fervorosamente, clamaban a Dios. No les importaba ni las burlas de muchos curiosos, ni tampoco las piedras que estos les lanzaban. Los instrumentos musicales se contaban por docenas. A la hora de los cultos parecía que estaba tocando una sinfónica. A la orquesta de los hermanos Gaxiola se unían músicos de otros lugares, como los hermanos Ávalos de Nayarit y el hermano Palemón Bojórquez, que tocaba una diminuta flauta que, como era hombre corpulento, casi no se le miraba. Las comidas se servían gratuitamente. Mi hermano Manuel recogió una vez las gallinas que se iban a sacrificar y contó 267. No había mesas que pudieran contener a tantos comensales, pero ellos las improvisaban utilizando cajones, troncos de árboles, piedras y ladrillos para devorar los suculentos platos de cocido que les servían. No era raro ver mezclados entre los hermanos a personas renombradas de Guamúchil como a Don Patricio Macon, Poncho Díaz, Lupita Villaverde y otras más que gustosamente cooperaban y participaban en las fiestas. Era tan grande la demanda de tortillas que mi tío Miguel, al notar que las cocineras no se daban abasto, invirtió en una máquina de hacer tortillas que, aunque las hacía cuadradas, no importaba, pues el sabor era lo que valía. Cerca del auditorio, como a unos 300 metros, estaba el río. La suave arena hacía las veces de una fresca y blandita cama.
Una ocasión, al terminar una de esas románticas convenciones, fueron un grupo de ministros a una peluquería y entre el grupo iba el hermano Nachito Mariscal. Cuando estaban en el local, comentaban que la fiesta los había dejado bastante cansados. Unos decían que se sentían adoloridos de los brazos, otros de todo el cuerpo. En eso habló el hermano Nachito, cuando lo estaban rasurando, y dijo que él también había batallado mucho para ponerse los zapatos cuando se levantó, no le cabían porque tenía hinchados los pies. En eso los ojos de todos se clavaron en los pies del hermano y descubrieron la razón de por qué tuvo dificultades para ponerse los zapatos: se los había puesto al revés, pues cuando se levantó estaba muy obscuro.
Capítulo 7
No Desmaye, Hermano Celestino
La educación en los años de 1913 a 1932 era un privilegio de unos cuantos. Los hijos de Don Miguel Gaxiola hubieran deseado poder estudiar, pero no fue posible porque en Guamúchil no había dónde hacerlo y, además, para solucionar los problemas de una familia tan numerosa como la suya, necesitaba la ayuda de sus hijos. Gracias a ello, en el granero abundaban suficiente maíz, trigo, frijol, arroz y otras semillas. El ganado podía comer pastos verdes. La fértil tierra siempre recibía el cuidado apropiado que se traducía en ricas cosechas.
Mucho hubiera deseado nuestro personaje haber asistido a una escuela. Su privilegiada inteligencia le permitió abrirse paso con bastante éxito en la vida, convirtiéndose en un autodidacto consumado. Él mismo aprendió a leer y escribir correctamente sin haber pisado ni siquiera un día las aulas. Tal vez por eso siempre se preocupó por la educación. Pugnó porque en todas las iglesias y todos los ministros elevaran su nivel educativo. Programó muchos Institutos Bíblicos en los diferentes distritos de la Obra en México y en el extranjero y siempre estuvo presente para dirigirlos y contribuir como maestro en alguna asignatura.
En Guamúchil funciona, desde el año de 1967, una Escuela Secundaria Técnica llamada “Colegio Insurgentes”. Su director es el hermano Celestino Martínez de la Rosa, que en sus tiempos de soltero fue presidente de la Confederación Nacional de Jóvenes de la Iglesia Apostólica. La escuela que él dirige cuenta con maestros egresados de la Escuela Normal Superior, lo que de por sí es una garantía de eficiencia pedagógica.
Gracias al dinamismo de su joven director, la escuela acaba de construir su propio edificio en la parte sur de la ciudad. Entre las normas que se persiguen en dicha institución, existe una que consiste en crear en los alumnos una vida moral limpia. Hasta hoy esa meta se ha logrado, gracias a los maestros que con el ejemplo también enseñan. Cualquier persona podía sentirse satisfecha con haber logrado estos propósitos, pero no el hermano Celestino. “Mis sueños”, me dijo un día, “son que a esta escuela asistan hijos de hermanos de nuestra Iglesia, a los cuales podemos ya recibir en calidad de internos si vienen de otros lugares. También pugnaré por establecer en el nuevo edificio una escuela de artes y oficios para ministros, e impartir al mismo tiempo un curso ministerial”.
Para establecer este Centro Cultural, nuestro entrevistado tuvo que vencer una serie de dificultades que algunas veces lo hicieron desmayar hasta el grado de estar a punto de abandonar la empresa. Pero dejemos que él mismo nos narre el resto del capítulo.
“Aprovecho la ocasión que me brinda mi buen amigo y hermano en Cristo, J. Felipe Gaxiola, para mencionar la oportuna intervención que tuvo en lo que hasta hoy hemos hecho nuestro desaparecido e ilustre hermano Maclovio Gaxiola L., quien siempre se distinguió por su visión bien clara y definida en el aspecto educativo. Fue hombre de grandes ideales y aspiraciones de quien se han dicho grandes verdades. Él, personalmente, siendo Obispo Presidente, intervino ante el entonces Obispo del distrito de Sinaloa, Tito Uriarte, a fin de que autorizara a la iglesia local a prestar los salones de la escuela dominical, los cuales nos sirvieron como aulas durante cuatro años. Este favor siempre se lo agradeceremos a la iglesia de Guamúchil. También quiero hacer público que el personaje objeto de esta obra fue socio de nuestra Asociación Cultural de Sinaloa A.C., organismo en medio del cual nació la escuela que tenemos. Siempre estuvo dispuesto a tendernos su mano de ayuda en todos los aspectos.
No podemos negar que la educación fue una de sus principales preocupaciones; eso ha quedado demostrado con las instituciones de ese carácter que fundó dentro de la Iglesia. El pueblo cristiano lo recuerda como uno de sus principales idealistas. A partir del segundo año de vida de la escuela, por falta de un director capacitado y por la precaria situación económica, empezamos a tener problemas. Comuniqué al hermano Gaxiola mi determinación de abandonar la tarea. De inmediato recibí de él el apoyo moral que me estaba haciendo falta con estas palabras que expresó y que desde entonces las conservo grabadas: ‘Ciertamente es usted el único interesado en esta escuela; no desmaye, hermano Celestino, hay que continuar con firmeza en nuestros propósitos’.
Desde entonces tomé personalmente la dirección de la Escuela, actividad o compromiso que me tiene ceñido a un noble fin como es la educación. Pero me satisface servir, en una pequeña parte cuando menos, a la comunidad, a nuestra patria y a mi Iglesia.”
Capítulo 8
Poesías Hasta en Servilletas de Papel
Lamentamos que casi la mayoría de sus composiciones las escribía mientras iba de viaje y se las regalaba a los que se las solicitaban. Lo llegamos a ver escribiendo sus poesías hasta en servilletas de papel, ya fuera en los hogares de los hermanos o en los mismos restaurantes. Cuando le llegaba la inspiración escribía en lo que tenía a la mano. Sus poesías se cuentan por cientos y demuestran una grande sensibilidad poética que muchos hallaron parecida a la del gran bardo nayarita: Amado Nervo.
Juzguen ustedes esta pequeña serie de poesías que logramos compilar:
In Memoriam
Madre mía, al despertar esta mañana
Quise ir a saludarte como antes;
Pero no te encontré en tu humilde cama
Te busqué en el jacal donde vivías
Y pensé y me pregunté: ¿Qué me dejaste?
¿O te fuiste a vivir en otra parte?
Entonces me dijeron que tu mundo,
No es el mundo de miseria y llanto
Y contemplando la alborada pensé en ti
Nuevamente te amo tanto
Y te vine a buscar al camposanto.No te encontré allí, pero una lápida
Conserva la inscripción a tu memoria
¿Fue en verdad, madrecita, que te fuiste?
Pero no has muerto porque vives
En la historia y en el alma
De los seres que quisiste
No encontré flores para honrarte en ese día y un bouqué
Con mis frases yo formé
Y te lo pongo en la tumba al pie
Diciendo aún te amo mucho madre mía
Otra más dedicada a su madre, compuesta el 10 de mayo de 1964, en Guamúchil, Sin.
Recordando a mi Madre
Cual estrella fugaz que se traslada
Centellante, luciente y venturosa;
Fuiste tú, madre mía cariñosa
Y puedo yo decirte ¡muy amada!En el paso por el cielo de mi infancia
Lo iluminaste todo plenamente;
Por eso te asemejo a estrella refulgente
Aunque ahora te separe gran distancia.
Tu fulgente claridad ¡madre adorada!
Quedó en mi visión perennemente;
No pudiendo borrarte de mi mente
Y espero ver de nuevo tu alborada.Por ahora no te veo ya en el cielo
Pues cubrió tu esplendor negro crespón;
Que lleno de luto mi pobre corazón
Pero verte de nuevo es mi anhelo.Pasará la negra noche de tu ausencia
Y volverás a surgir ¡madre querida!
Si no aquí, será en la nueva vida
Pero yo gozaré de tu presencia.
La siguiente poesía la compuso cuando volvió a la normalidad después de haber sido operado de emergencia el 17 de julio de 1966, en la ciudad de San Salvador, C.A.
Todo Muere Señor
Muere la luz del día cuando llega la tarde,
Aunque parezca el astro sol invencible
Se opaca entre sombras, se oculta cual cobarde,
Que huye y al fin muere en la noche terrible.
Sin embargo la noche muere cuando viene la aurora,
Sus sombras pavorosas rasgadas por el día
Que brilla esplendorosa creciendo cada hora,
Hasta que por la tarde vuelve la noche umbría.Muere la planta verde que en el campo florido,
Esparce sus perfumes y sus gratos olores
Y en los campos hermosos llenos de colorido
Representan la muerte con sus marchitas flores.
Muere el álamo altivo, el olmo y el pino
Que parecía eterno, augusto e invencible,
Mueren todos los bosques, pues así es el destino
De todo lo que nace, se palpa o es visible.Muere el animal fuerte aunque se multiplique
Y deje su simiente que bien lo represente;
Este misterio sigue, aunque alguien lo explique
Intrigando a los hombres y embargando la mente.
¿Por qué es así la vida? ¡Efímera quimera!
¿Por qué nada perdura? ¿Por qué no se eterniza?
¿Por qué no hay algo que viva, que viva y nunca muera?
¿Por qué todo se torna en polvo y en ceniza?Si la lucha es constante entre la muerte y vida,
Es claro que hay razón para creer y esperar
Que algún día la lucha, muchas veces perdida,
Al correr de los años la habremos de ganar:
Y entonces, sin temores, libres ya de la muerte,
Del dolor y la pena habremos de vivir,
En un mundo perfecto, feliz, sano y muy fuerte,
Hemos de ser eternos sin dejar de existir.
De camino y pasando por Oaxaca, estando en el templo de la Iglesia Apostólica de ese lugar, el 25 de mayo de 1970.
Casa de Dios
Con gran celo y con derecho
Tu presencia fue en tu casa
Jesucristo Redentor;
Los judíos la habían hecho
Cualquier cueva, simple casa
Ignorando su valor.Tu santuario profanado
Les servía de mercado
Oh Señor
De palomas y ganado
Todo lo habían llenado
Mercaderes sin temor,Cuando tú llegaste Oh Cristo
Y en tus manos un azote ¡fue un terror!
En un día estuvo listo
Usaste de tu voz y del garrote
Para volver el honor.“Mi casa, casa de oración es”
Fue la frase más tronante
Que a los hombres trastornara
Tú, como Dios y cual Juez, al infiel y al negociante,
De tu casa los lanzó.Hoy tu casa, santa humilde
De creyentes llena está
Oh mi Dios
Observando hasta una tilde
De tu ley y tu verdad
Que es tu voz.
El 31 de diciembre de 1969, en Guamúchil, dedicó la siguiente al año que finalizaba.
Un Fin de Año
Se fue, se fue raudo y veloz
Así como impulsado por el viento
1969, Año de Dios
Que forma de la historia un fragmento.
Así se pasa la vida del humano
Como sombra o vapor que se aparece
Aunque sea del mundo grande arcano
La vida es y luego desaparece.¿Qué dejaste en mi vida año viejo?
¿Qué me traes en tus días año nuevo?
Si te tomé en cuenta al vivir un gran consejo;
Oportunidades sin fin desde luego.
El vivir en la conciencia no es falaz
Aunque pasan los días sin cesar
Porque aprendemos de la vida lo fugaz
Y la experiencia nos lleva a meditar.Si la vida se pasa siempre así
Para enseñarnos a buscar la realidad
Puedo decir que yo ya comprendí
Al encontrar en este mundo la verdad.
Esa verdad es que encontrar la eternidad
Es ansiedad que el alma siente sin cesar
Y solo en Cristo encontraremos la bondad
Que nos hace para siempre descansar.Que el tiempo pase y la vida se consuma
¡Ya nada importa para quien en Cristo está!
Pues vivir para Él es gran fortuna
Y morir en su fe dicha será.
Ser fiel hasta el fin en esta vida
Es el afán constante del cristiano
Quien ve con esperanza su partida
Sea hoy, sea tarde o sea temprano.
Esta composición (incluyendo el presente libro) la haremos llegar a la madre del ex-aspirante a la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica, quien trágicamente cayera abatido por las balas disparadas por un maniático.
A Robert Kennedy
Robert Kennedy; fuiste valiente
Al querer gobernar tu nación;
Tu persona fue muy atrayente
Porque siempre te guio la razón.
Sin embargo no todos los buenos
Realizar sus anhelos podrán
Porque hay intereses ajenos
Que se inspiran tan solo en el mal.Al triunfar por el voto certero
De tu pueblo que supo entender
Que tu afán nunca fue por dinero;
Cinco balas te hicieron caer.
No obstante, el brillo de tu vida,
Seguirá iluminando el sendero
Que tu patria, que fue tan querida,
Mirará cual brillante lucero.Que tu patria del mundo un ejemplo,
De progreso y remanso de paz,
Mas ahora al velarte en un templo
De vergüenza vistió tu antifaz.
La violencia, el odio y venganza
Humilló y rebajó a tu nación;
Pero ahora surge la esperanza
Que a tu pueblo unirá con pasión.Si no fuiste tú quien gobernara
Porque así se truncara tu vida,
El ideal que en tu alma anidara
Seguirá en tu patria querida.
No es la fuerza del hombre carnal
La que hace triunfar en la brega;
Sino el firme ejemplo moral
De quien toda su vida la entrega.¡Paladín de la causa del pobre!
¡Paladín de noble juventud!
Eso hará que tu causa se logre
Y la unión se vea en plenitud.
Tu bandera arriará otro valiente,
Y ponerla en la cumbre podrá
Pues así lo demanda tu gente;
Y la paz y armonía vendrá.
Capítulo 9
La Convención Centroamericana y Más Poemas
Otra más, compuesta en Managua, Nicaragua, el 30 de noviembre de 1969.
Convención Centroamericana
Convención Centroamericana Misionera
Que se celebra en Managua
En tu clase la primera
Con su sede en Nicaragua
Del 26 de noviembre
Al 30 del mismo mes,
Confiamos en que en ti se siembre
La verdad con interés.El carácter de esta fiesta
Especial y muy fecundo
Y esperamos que como esta
Se prolifere en el mundoEn esta ocasión sin igual
El tema fue: Educación
Y a la escuela dominical
Se le dio la orientación.Ilustres conferencistas
Se sucedieron gozosos
De ideas fundamentalistas
Llenaron el auditorio;Como el caso era obvio
El primero en disertar
Fue el hermano Maclovio
Quien fue el primero en hablarEl hermano Castorena
Que así le dicen aquí
Hizo su parte muy buena
Con lo que pudo decir.
Demostró que el intermedio
El joven y adolescente
Pueden convertirse en medio
Para ser un buen creyenteEl secretario de misiones
Leocadio Jiménez López
Presentó buenas razones
Para salir de mediocres.
Nos habló de la enseñanza
Que se debe impartir
Que mantiene la esperanza
Y nos enseña a vivir.El hermano Quintín también
Con entusiasmo y valor
Nos preparó para el bien
Para la vida de amor.
Explicó como el niño
Puede crecer y crecer
Desarrollar el cariño
Hasta llegar a creer.El simpático Gerardo
Que de buena voluntad
Vino a admirar aquel bardo
Que nació en esta entidad,
Contribuyó con sapiencia
Reuniendo en un esbozo
Habló del arte y la ciencia
Y esto produjo gran gozo.Los demás representantes
Que de otra parte vinieron
Estuvieron muy contentos
Y también contribuyeron;
Predicaron sus sermones
En los cultos que se hicieron
Llenando los corazones
De todos los que asistieron.Julio César desbordante
De entusiasmo y voluntad
Con amor y con lealtad;
Para superar la causa
De la Iglesia del Señor
Enviándose un estudiante
A la Escuela Superior,Los ministros nacionales
Y los Centroamericanos
Expusieron sus ideales
Para ser buenos hermanos
Cada cual contribuyó
Con su idea más brillante
Y así todo se acordó
Para seguir adelante.El hermano Valentín
Decano de misioneros
Fue el primero en el festín
Con sus esfuerzos sinceros
El presidente anfitrión
Antero Moya y su mesa
Actuó en esta convención
Presidiendo a la cabeza.
El siguiente acróstico dedicado a su esposa.
A Mi Esposa
Muralla de plata, con oro bruñido,
Ideal venturoso eso eres mujer
Cadencia de notas de suave sonido
Ansiosas de ritmo así es tu ser
El astro fulgente que vela mi sueño,
La estrella que alumbra de noche mi cielo,
Así yo lo veo porque soy tu dueño.Si solo pensaras en lo que tú eres,
Un momento solo podría bastar
Al saber que fuiste sobre las mujeres
Razón de mi vida, mi noble ideal
Eres de las frutas y de bellas flores
Zumo que a mi vida le dan el sabor.De que te sorprendes ¿de mi humilde prosa?
Es que te amo tanto que mi alma se goza.Gloriosa es tu vida ¡Feliz es la mía!
Así yo lo siento al ver tu candor:
Xóchitl reina noble de raza bravía
Inmensa en belleza cual la noble flor
Oh, ¡la más hermosa entre las mujeres!
La que conquistaste mi fiel corazón
Aquien se lo entrego después de mi Dios.A mi esposa con todo cariño
Formulo este acróstico con toda humildad;
Para recordarle que en mi alma de niño
Reina para siempre la sinceridad.
Su esposa no se quiso quedar muy atrás y compuso para él este acróstico.
A Mi Esposo Maclovio Gaxiola López
Mi adoración por ti es muy grande
Amor de mi vida solo a tu lado soy feliz
Como roble te veo tan fuerte y seguro caminar
Los hombres buscan lo vano, pero tú lo eternal
Olvidas a veces que eres humano, vives en las nubes
Ves pasar la vida con algo de indiferencia
Inolvidable es el tesoro que llevas aunque no lo crean
Ojos misteriosos envidian tu alegría.Gracias Señor, porque a pesar de todo es maravilloso
Amor solo, es lo que tratas de llevar al mundo
Xenófilo y amigo de todos, a todos tendiste la mano
Inmensa felicidad has dado a mi vida
Olas que envuelven tu vida, las podrás vencer
Lo veo y casi no lo creo que seas tan fuerte
A veces me pongo a pensar que sería de mí sin ti.Las maravillas que ves, te alientan a seguir adelante
Olvidando los peligros que a veces te acechan
Pensando solo en lo hermoso que será llegar
Esperando y confiando en las promesas del Señor
Zésped verde con hilillos de plata visten tus sienes.
El Himno que lo Inmortalizó
Fue prolífero autor con letra y música de una gran cantidad de himnos que se encuentran en los himnarios de Suprema Alabanza y Consolación. Por carecer de espacio solo presentamos el himno que refleja su autobiografía. Lo podemos conceptuar como un resumen de lo que fue su vida.
Iré si Él va Conmigo
En el mundo solo vivo para Cristo;
En el calvario con su sangre me compró.
Con la sangre del costado me lavo,
Y por esto solo vivo para Él.Coro
Por el camino solo y triste
Yo te seguiré Jesús.
Esperando que tu mano
Siempre me guiará en tu luz,
Aun en la pesada cuesta,
Que subiste con tu cruz.
En las luchas más amargas
En ti esperaré, Jesús.Yo te pido que me guardes siempre fiel
Que tengas piedad de mí, aun en mi mal;
Que laves mi corazón, tú más y más,
Tú recuerda que por mí bebiste hiel.Si me guías siempre yo te seguiré,
Aunque mi planta pertinaz llegue a sangrar;
Yo con tu pesada cruz he de llegar,
Al calvario donde de gozo lloraré.
“Aun en la pesada cuesta…”
Las palabras contenidas en esta alabanza fue la propia experiencia de su autor que la vivió mientras fatigosamente escalaba la Sierra Madre, para llevar el Evangelio hasta un lugar llamado Baromena. Este himno inmortal lo compuso en el año de 1933, apenas unos cuantos meses después que se bautizó.
“Tú recuerda que por mí bebiste hiel…”
El grande esfuerzo físico que el ascenso requería clamaba por una gota de agua que refrescara su seca garganta, pero como nadie se la daba, le consolaba pensar que Cristo había soportado un castigo más cruel bebiendo amarga hiel.
“Aunque mi planta pertinaz llegue a sangrar…”
Las suelas de sus zapatos se rompieron por el continuo roce con el suelo. Una pequeña piedra se introdujo en el zapato y le causó una leve herida que sangraba.
Capítulo 10
Escribiré Porque Presiento que Sucederán Muchas Cosas
El título de este capítulo lo tomamos de las palabras escritas en uno de los seis diarios que escribió durante los últimos 5 años de su existencia. Fueron un total de 2,190 páginas escritas de su puño y letra, resumiendo en cada una de ellas la actividad de cada día. Son documentos muy valiosos en donde narra con gran dramatismo su lucha contra las enfermedades, los problemas que tuvo con algunos ministros que no lo comprendieron y muchas otras cosas muy interesantes.
En el año de 1966 empezó a escribir su primer diario y en la introducción dice así:
Escribiré un diario durante 1966 si Dios me ayuda, porque presiento que ocurrirán muchas cosas. Quizá algunas buenas e históricas que vale la pena consignarlas. Otras cosas serán vergonzosas, pero también serán verdades para la historia.
Yo mismo estoy incierto de mi vida. Siento cosas raras en mi cuerpo, cruzan vaguedades por mi mente. Tal vez esté pasando por una importante transición histórica. Cosas importantes ocurrirán en México y en los Estados Unidos, con relación a las elecciones de las nuevas mesas directivas. Aquí y allá pueden ocurrir incidentes insospechados. Las iré describiendo a medida que pasan, Dios me ayude. Los fuertes se harán débiles. Algunos débiles se esforzarán. Y quizá algunos dejemos de ser o de estar en actividad. Dios sabe lo que ocurrirá en 365 días, pero haré lo posible por describirlo en forma diaria. Por ahora finaliza 1965, son las 10:30 de la noche cuando me dan la palabra. Predicaré el último sermón de 1965.
Testamento a los Ministros
Anoche, 31 de diciembre de 1968, estuve en el templo de la Primera Iglesia de Tijuana hasta que finalizó el año y recibimos este nuevo. Dimos gracias a Dios por lo que pudimos hacer durante 1968, y pedimos la guianza y ayuda diaria para proseguir en la vida cristiana.
Este es el quinto libro que estoy intentando llenar día por día. En 1966 escribí un diario completo y lo deposité con Dina Gaxiola de López; en 1967 escribí otro diario completo y lo deposité en manos de Hermila Armenta; y en 1968, por ser el año olímpico, escribí 2 diarios: uno en una agenda y lo deposité con Rosalba, y otro diario lo deposité en manos de Orpha Lidia Gaxiola de Meza. El presente, si Dios me permite llenarlo, deberá quedar en manos de mi esposa, y si alguno de mis diarios resultara de algún interés histórico, mi esposa podrá recoger los diarios que he mencionado. En caso de fallecimiento mío o de mi esposa, este diario puede pasar a manos de Hogla Rita Gaxiola de Rodríguez, con los mismos derechos de mi esposa en lo que respecta a recoger los anteriores, si fuere necesario y conveniente. Como yo he estado viviendo al servicio de la Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús, cualquier historiador autorizado por la misma Iglesia puede consultar estos diarios y tomar los datos que se consideren necesarios para complementar la Historia de la Obra de Cristo en nuestro país y demás lugares mencionados que hemos ayudado con el Mensaje Apostólico.
Por modestia y por no restar dignidad a la Obra de Cristo, no consigno muchas cosas importantes de las que he presenciado o Dios hizo por mi humilde instrumentalidad. Tampoco escribí de mis debilidades y flaquezas ni de defectos ajenos. Estas cosas están en manos de Dios. Él las juzgará.
Los 36 años de servicio en el ministerio me han proporcionado muchas experiencias y también puedo decir que tuve que encarar problemas muy difíciles que parecían insuperables, pero los vencí y pasé adelante. Ahora ya puedo decir que no viví en vano y, si mi trabajo no ha sido estimado por muchos, son más los que me han apreciado, estimulado y reconocido. Por esta razón he sobrevivido a todas las vicisitudes.
Dios sabe lo que he sido, lo que soy y lo que seré. Por eso no temo. Cuando alguien considera que yo he obrado mal, y yo estoy satisfecho de que hice lo mejor que pude, quedo conforme porque creo en la Omnisciencia de Dios. Él todo lo sabe y a Él he servido, o cuando menos he querido servir, toda mi vida. Ante algunos ojos tal vez no he sido buen cristiano, pero estoy seguro que, a pesar de mis limitaciones, imperfecciones y fallas, he servido a Dios con fidelidad.
Capítulo 11
Visión de su Entierro
En Fresnillo, Zacatecas, tuvo una visión de su entierro al sorprenderlo otro infarto, uno más de los cinco que sufrió.
Así me pareció oír en mi entierro que estuvo a punto de efectuarse.
Oración fúnebre para mi sepelio: Yace en silencio quien causó inquietudes. Quien por su afán constante por la superación desconcertó a muchos que, viendo sus ambiciosos planes de acción, sintieron desconfianza y desasosiego. Su gran espíritu que lo movía potente lo ha dejado en paz, y con ello se acabó la incógnita. Pues muchas veces provocó a los ministros invitándolos a obrar, y hubo quienes creyeron ilusorios sus anhelos, que después los vieron cristalizar en latentes realidades. Así fue su vida y, para muchos, su obra fue fecunda, y quizá para quienes dudaron de su sinceridad sea hoy la oportunidad para vindicarlo y juzgarlo ahora con menos severidad. Descanse en paz su cuerpo que aún vemos porque su espíritu seguirá activando por una eternidad.
Hoy me estuvieron visitando muchos hermanos. Una delegación de la Confederación de Señoras de cada federación estuvo presente y me hicieron una serie de regalitos. Alrededor de $3,000.00, tres mil pesos en efectivo y otras cositas más. ¡Cuánto me estimularon! Hoy me presenté en la convención y declaro inaugurada la Convención con un breve discurso. ¡Cuánto conmovió mi presencia y lloró el pueblo al verme! Así se inició la XXVII Convención. Gracias a Dios.
Torreón, Coahuila, octubre 15 de 1970.
Hoy desperté con un nuevo concepto sobre la vida. El sol brillaba menos. El día era triste. El futuro es un tanto incierto. ¿Volveré a tener suficiente salud y fuerza? Solo Tú, oh Dios, que das vida a los muertos, lo sabes. Así salí de Gómez Palacio, Durango, y viajamos hasta Salinas, S.L.P. Llegamos al Motel Capri. Allí descansamos después de las 9:00, que salimos de Gómez Palacio a las 17:00, muy cansados. Primer día desocupado de hasta un empleo definido. ¡Gracias Señor mío!
Salinas, S.L.P., octubre 22 de 1970
Quien lea este libro notará la forma en que evolucionó mi vida durante el año. Varias veces estuve a punto de morir, en la forma de la escritura, en la fluidez o en la torpeza. Me satisface haber asistido en media vida a la Convención. No lo hice para exhibir valor, demostrar hombría, pero sí para demostrar que por encima de mí mismo amo a Dios y su Obra. Pido perdón a quienes ofendí con mi actitud resuelta. Ese fue mi sentir y es todavía. ¡Dios te amo!
México, D.F., noviembre 10 de 1970
Hoy celebro el 38 aniversario de mi conversión a Cristo. Durante este lapso se desarrolló todo el drama de mi vida con mis triunfos y derrotas, con mis altibajos. Desde que estaba por cumplir 20 primaverales años hasta hoy que me aproximo a mis otoñales 58. Dentro de este lapso de 38 años me inicié y finalicé mi carrera ministerial en lo que se puede contar. Hoy no tengo un cargo definido, como no lo tenía entonces. Mi vida plena de juventud de entonces contrasta con la senectud que me mantiene ahora casi inmóvil. Sin embargo vuelvo a decir, gracias a Dios. Feliz Navidad, feliz Navidad, feliz Navidad.
Diciembre 24 de 1970, Guamúchil, Sinaloa
Hoy hace 58 años que llegué a este espantoso mundo, al cual, después de conocer, amo, y me engreí a pesar de los reveses y desengaños que me dio la vida en los primeros 20 años. Después encontré una nueva forma de vida la cual viví con tanta pasión que 38 años se me fueron tan rápidos que, ahora que vuelvo a la realidad, apenas empezaba a vivir cuando las fuerzas humanas se han acabado y lo único que sigue fuerte es el espíritu. La carne se envejeció, mi cuerpo no tiene fuerzas, pero alabo la vida y quiero vivirla eternamente. ¡Ayúdame Señor!
Enero 10 de 1971
Se pasó un año más de mi existencia terrenal. Si fue fecunda o estéril mi vida, ya lo fue. Ahora recibiré elogios de unos, reproches de otros, mientras siga viviendo terrenalmente, hasta que el verdadero Juez y Señor de todos dé el premio o castigo que mereció mi obra ante Él. Hice todo lo bueno con el mayor anhelo; pero muchas cosas pudieron haberme salido mal. Dios las juzgará con su justicia Divina. Así lo creo, lo espero y confío sereno. Gracias Señor por darme esa seguridad en ti.
Guamúchil, Sinaloa, enero 11 de 1971
Página póstuma escrita en su propio diario por Gerardo Gaxiola S.
Ya tu mano no pudo escribir porque la parca de la muerte cortó el hilo de tu existencia. Vivió hasta las 12:45 p.m. Un nuevo infarto cardiaco te privó la vida. Aquí termina tu Obra, aquí se apaga tu luz que brilló mucho.
Has dejado una huella luminosa a tu paso por este mundo. Nunca olvidaremos tu ejemplo. Vivirás siempre en nuestros corazones.
El Hombre que nos Dejó una Huella Luminosa
Colaboración de Gerardo Gaxiola S.
El recuerdo es glorioso cuando se puede vivir de tal manera que se identifique con alguna virtud. ¿Qué hemos dejado al mundo que nos recuerde cuando hayamos partido? El más elevado monumento que podemos erigir a nuestra memoria es una vida de servicio en favor de los demás. Durará más que los más elevados monumentos que al fin se convertirán en polvo.
Tratando de escribir la semblanza de una vida que fue corta pero que brilló mucho, mi lenguaje resulta pobre e insuficiente. Sin embargo, queriendo contribuir con el hermano J. Felipe Gaxiola en la edición de un libro biográfico de nuestro insigne predicador, gran líder, buen maestro e incomparable amigo, reverendo Maclovio Gaxiola López, aporto mi humilde colaboración.
Personalmente deseaba haber hecho lo que el hermano Felipe Gaxiola en buena hora tuvo el deseo de llevar a cabo. Me satisface más que él iniciara este trabajo con su capacidad y mejor visión de estas cosas.
En el año de 1947, cuando era niño, comencé, por decirlo así, a conocer a nuestro distinguido hermano Maclovio. Nos visitó entonces en la iglesia de La Palma, Sinaloa, acompañado de algunos hermanos que estudiaban en el Instituto Tecnológico Apostólico Internacional de la ciudad de México. Entre otros, iba el hermano Raúl López Mendoza, y me llamó la atención cómo abordaban al hermano Maclovio con preguntas difíciles, ya fuera escatología, gramática o alguna otra ciencia, a lo cual contestaba con tanto acierto que dejaba plenamente satisfechos a sus interlocutores. Noté a mi tierna edad que había en él una sabiduría sobresaliente. Fue esa mi primera impresión.
Posteriormente descubrí que muchos hermanos, cuando se referían al hermano Maclovio, tenían palabras de elogio y todos concordaban en que había en nuestro mencionado algo diferente. En mi adolescencia y juventud le oí predicar y actuar en nuestras convenciones distritales, observando que su intervención causaba impacto. Le gustaba mucho visitar nuestras iglesias en Sinaloa y en todas ellas dejaba una enseñanza útil. Los hermanos se sentían reanimados con sus consejos y satisfechos con sus enseñanzas.
Cuando tuve en mis manos el libro “La Historia de la Iglesia Apostólica”, escrito por él, me di cuenta de las grandes comisiones que desempeñó gustoso y, aun cuando las circunstancias fueran adversas, fue a donde lo enviaron. Sentí el deseo de estar un poco más cerca de él y conocerle mejor. Oré a Dios pidiendo me concediera el privilegio de viajar en su compañía y aprender algunas de las muchas cosas que sabía que podrían servirme en el futuro.
Fue mi privilegio viajar en su compañía por primera vez siendo Presidente de la Iglesia y con otros hermanos de la Mesa Directiva, en el mes de octubre de 1968, para asistir a la 44 Conferencia General de la Iglesia Pentecostal Unida, en Atlantic City, N.J. Durante tres semanas anduvimos juntos, recorrimos 22 estados de la Unión Americana y me agradaba viajar al volante del automóvil en que hicimos el recorrido, porque solía él sentarse en el asiento contiguo y recorríamos muchos cientos de millas sin sentirlo porque sus pláticas para mí eran interesantísimas. Ese viaje fue un maratón de resistencia debido a la premura del tiempo y la responsabilidad que lo ceñía en la Obra; en tres semanas tuvimos que regresar de un viaje tan largo, para él le fue necesario caminar noches enteras por las supercarreteras de los Estados Unidos. Mi sorpresa fue la increíble resistencia y buena voluntad del hermano Gaxiola, que para entonces estaba muy enfermo y, sin embargo, nunca le oímos quejarse. Nuestra breve estancia entre los hermanos de la Iglesia Pentecostal Unida fue benéfica desde muchos puntos de vista, especialmente porque los lazos del compañerismo se estrecharon entre ambas organizaciones.
Entre todas, una cosa se me grabó mucho de este histórico viaje, y fue que, después de muchos días y noches de caminata, arribamos a la ciudad de El Paso, Texas, rendidos de cansancio, y los compañeros de viaje buscaron una cama para descansar ya que prácticamente no se podía hacer otra cosa. Sin embargo, nuestro referido hermano se cambió de ropa y me dijo: “Vamos al culto a Cd. Juárez, los hermanos nos esperan”. Pensé negarme a acompañarlo porque el sueño y el cansancio me dominaban, pero al verlo listo, con la tremenda fuerza de voluntad que siempre le caracterizaba, me incorporé y lo acompañé. Cuando llegamos a la Primera Iglesia de Cd. Juárez, el templo estaba lleno; su pastor, hermano Manuel Esquivel Fonseca, había hecho la propaganda necesaria y la gente estaba esperando al Obispo Presidente. Noté la expresión de alegría de los concurrentes al ver entrar al hermano Maclovio. Luego pensé que, de no haber asistido, hubiéramos defraudado a los hermanos, y él siempre tuvo cuidado de no hacer eso. Así que, desafiando la situación y arriesgando su propia salud y sobreponiéndose a las circunstancias, cumplía un compromiso contraído de antemano. Después del culto, que se prolongó hasta las diez de la noche, algunos hermanos lo abordaron para consultarlo y, con una sonrisa, los atendió a todos y los dejó satisfechos. ¡Qué fuerza de voluntad! ¡Qué amor para la Obra! ¡Qué resistencia extraordinaria! Su vida no la estimaba preciosa para sí, tratándose de atender los asuntos de la Iglesia y ayudar a los demás.
Un nuevo infarto cardiaco lo sorprendió y, casi exánime, se trasladó a Guamúchil, Sinaloa, la ciudad que lo vio nacer dos veces y a la que quiso tanto. Llegó en la segunda quincena de diciembre de 1970 y allí permaneció prácticamente inmóvil hasta el día de su partida. En sus últimos días tuvimos el privilegio de verlo: sereno, escribiendo, hablando de su esperanza en el triunfo de la Iglesia, haciendo planes, deseando trabajar, pero ya su corazón no pudo palpitar más y terminó su existencia a las 12 horas del día 12 de enero de 1971.
Así lo vimos partir, dejándonos un recuerdo imborrable, una huella luminosa, un ejemplo digno de imitar. Hemos colocado sobre su tumba un monumento con el siguiente epitafio:
Nos dejó una herencia. El más preciado tesoro: la esperanza de unirnos con Él en el cielo. El recuerdo de sus consejos, la imagen de sus virtudes y el ejemplo de su vida fecunda en la tierra.
Capítulo 12
Curriculum Vitae
Maclovio Gaxiola López fue el noveno hijo de Miguel Gaxiola Montoya y Cenobia López Armenta, nacido en Guamúchil, Sinaloa, México, el día 10 de enero de 1913.
Nunca asistió a la escuela, pero su privilegiada inteligencia le permitió autoenseñarse a leer y escribir. Aprovechó todas las oportunidades que se le presentaron para acumular una cultura bastante elevada. En los libros bebió toda la fuente de su saber, siendo la Biblia el principal libro que enriqueció su espíritu, alma y cuerpo. La vida fue su escuela, en la que obtuvo un cúmulo de conocimientos que lo convirtieron en un verdadero maestro. Destacó como un gran orador, poeta consumado, escritor prolífero, brillante músico, reconocido cantante, pastor evangélico, decano de misioneros, etc. Sobre todo, poseyó grandes cualidades morales que lo hicieron uno de los consejeros más solicitados de su tiempo.
Fue bautizado en la Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús el 31 de diciembre en Guamúchil, Sinaloa, el año de 1932. En Bamoa, Sinaloa, recibió el Don del Espíritu Santo el 5 de enero de 1933. En su misma tierra natal fue iniciado en el ministerio el día 1 de abril de 1933. En la ciudad de Torreón, Coahuila, fue ordenado como ministro el 31 de diciembre de 1934, interviniendo en la ceremonia los ministros Felipe Rivas H., José Ortega A. y Aurelio Rodríguez. Su primer pastorado lo ejerció en la iglesia de Guamúchil, Sinaloa, desde el año de 1933 hasta 1939. Durante ese tiempo fundó, además de la iglesia de su pueblo natal, las iglesias de Angostura y Constancia y, en el año de 1940, fundó la iglesia de Mazatlán en el mismo estado de Sinaloa.
Fue el primer Obispo de la Costa del Pacífico desde el año de 1940 y, durante sus gestiones, consolidó las iglesias de Tepic, Nayarit, y Guadalajara, Jalisco. Después pasó a la ciudad de México, en donde ejerció predominante influencia impulsando la Obra de Dios en el Distrito Federal y en las regiones del Istmo y el Sureste.
Fundó y fue el rector del Instituto Teológico Apostólico Internacional. Prestó su propia casa para que en ella funcionara dicha escuela en su iniciación, el 7 de abril de 1946, en la ciudad de México. Inició la Obra misionera en el extranjero y fue el primer misionero que envió la Iglesia Apostólica a Centro y Sudamérica.
Tocó a él ser el fundador de la revista oficial de la Iglesia: El Exégeta. Fue también el primer Vicepresidente de la Iglesia.
En dos ocasiones desempeñó el cargo de Presidente de la Iglesia: el primer periodo de 1958 a 1962 y el segundo de 1966 a 1970.
Escribió algunos libros, entre los cuales mencionamos: La Historia de la Iglesia, Teología Moral, y un folleto sobre este último tema.
Compuso numerosas poesías, escribió y arregló muchos himnos. Compiló himnos que unió a los suyos y formó el himnario de Suprema Alabanza y Consolación.
Intervino en la redacción de la primera Constitución de la Iglesia e hizo la impresión de la misma.
Desempeñó también los cargos de Obispo del Distrito Central, Obispo del Distrito de Baja California, Secretario de Misiones y Tesorero General.
Un infarto le privó de la vida el día 12 de enero de 1971 en su tierra natal, cuando se preparaba para tomar la responsabilidad como Obispo del Distrito Central.
Le sobrevive su esposa Micaela Suárez Vda. de Gaxiola, con quien contrajo nupcias en el año de 1930, y siete hijos que el Señor les dio.
La Iglesia Apostólica fue enriquecida y bendecida con su fructífero ministerio, que desempeñó durante 38 años y nueve meses consecutivos a partir de su iniciación en el ministerio.